¿Son más serias las personas que asumen más responsabilidad?

¿Qué responderías a esta pregunta?

¿Quién sonríe más al día en las empresas? ¿El directivo o el operario de una línea? Nunca ha sido bueno generalizar porque siempre hay excepciones, y como se dice coloquialmente “cada persona es un mundo” y hay de todo. Lo que está claro es que para muchos la responsabilidad pesa. A veces pesa tanto, que físicamente y literalmente dobla las espaldas de quienes la soportan, que caminando cabizbajos recorren los pasillos de las oficinas dejando un rastro de energía gris a su paso. La responsabilidad a ciertos niveles no está hecha para todos. Básicamente porque no es un valor común a todas las personas.

Pero si profundizamos más en la palabra responsabilidad veremos que debajo hay infinidad de creencias asociadas a dicha palabra, algunas de ellas limitantes. Para muchas personas la responsabilidad está asociada inconscientemente a la seriedad.

¿De dónde viene esta asociación?

El otro día mi hijo de 4 años estaba jugando conmigo a que él era el jefe y él mandaba.  Lo curioso fue cuando de repente se puso todo serio para decirme las instrucciones del juego. Yo con curiosidad le pregunté: ¿Qué pasa que te pones tan serio? Y me dijo: “estoy serio porque mando”. Yo le dije que mandar no significaba tener que ponerse serio, pero él me dijo: “Si, porque cuando me reñís y me mandáis os ponéis serios”.

Ahí es donde nacen las creencias en cada uno de nosotros, en la infancia. Haciendo asociaciones que observamos en las personas que nos rodean, en lo que nos funciona o no desde pequeños. He trabajado con adolescentes que no quieren hacerse mayores porque relacionan hacerse adultos con la responsabilidad. Y al ver a sus padres serios y trabajando todo el día porque tienen que asumir tanta responsabilidad pesada y compleja se confirman sus creencias. ¿Quién iba a querer salir de los mundos de yupi para irse a un mundo gris?

¿Se puede asumir responsabilidad desde la Alegría?

Si. Rotundamente sí. Aunque el problema o las decisiones que se tengan que tomar sean de una complejidad abrumadora, tenemos siempre dos opciones que marcarán una tremenda diferencia en el resultado.

  • Podemos elegir situarnos en la preocupación/miedo donde nuestro cuerpo se encogerá, nuestra presión sanguínea y nuestra respiración se acelerarán y nuestro cerebro prefrontal y creativo se verá bloqueado por la amígdala, que decidirá sobrevivir, en base a lo que de manera inconsciente hemos aprendido como una salida apta para salvarnos de una amenaza.
  • Y la otra opción, es conectarnos con la alegría simplemente poniendo una ligera sonrisa en nuestra boca, abriendo el pecho, echando ligeramente los hombros hacia atrás, relajando las mandíbulas y la lengua. Es ahí donde nuestro cuerpo se relaja, la respiración fluye tranquila, nuestra amígdala se desinflama dando el poder de decidir a nuestro cerebro más desarrollado, a nuestra creatividad y a la intuición. Desde aquí, la responsabilidad se hace más llevadera y más saludable.

El problema y las responsabilidades serán las mismas ya lo afrontemos de una o de otra manera, sin embargo, el camino hacia la solución y la solución en sí misma serán muy diferentes.

Al final son todo creencias; ni la responsabilidad tiene que ser pesada cuando se hace con pasión y va ligada a nuestros propios valores. Ni las personas que asumen más responsabilidad tienen que llevar un rostro serio en sus caras a causa de la preocupación. Todo es energía. Las emociones que acompañan a un rostro serio son la tristeza, el miedo, la rabia, que son energías de baja frecuencia, agotadoras. Quien lleva un rostro serio estará transmitiendo esta energía a su alrededor y en sus acciones.

La preocupación es miedo a equivocarse.

¿Debemos ir todo el día sonriendo?

Tampoco es eso, aunque sería fantástico. Pero la sonrisa debe ser sincera, así como los abrazos, los besos, las miradas, las palabras…

La autenticidad es la fuente de la creatividad y de la felicidad verdadera.

El problema es cuando la seriedad nos arrastra y apegados a ella cual meras marionetas permitimos que decida por nosotros y guíe nuestras vidas sin ser conscientes de que todo puede ser de otra manera, y que nosotros podemos siempre elegir. Podemos elegir estar serios porque hay un motivo y así lo decidimos conscientemente, o podemos elegir poner una ligera sonrisa y ver nuestros problemas como simples lecciones de un libro que debemos aprender en nuestra carrera de la vida.

Si además lideramos a personas, o somos ejemplos para niños y jóvenes que mejor que poner una sonrisa consciente para romper todas esas falsas creencias de que la vida es dura, la responsabilidad pesada y el que manda está serio. Cuando la realidad la creamos nosotros con nuestros pensamientos, y podemos elegir que la vida sea maravillosa, la responsabilidad ligera, el trabajo un juego apasionante y el que manda lidera con su ejemplo.

Todo a nuestro alrededor podemos cambiarlo, está en nuestra mente el hacerlo.