El Amor. Tu mejor guía para decidir

El Amor, qué bonita palabra y que pequeña se queda para guardar toda su dimensión. A veces la escribimos en mayúsculas como si así pudiéramos acercarnos más a su grandeza, pero ni con esas. Está el amor romántico, pero al que yo me refiero en este artículo es el Amor incondicional esa fuerza misteriosa y con inmenso poder que Einstein definió como la fuerza Universal y así lo explicó a su hija Lieserl en una carta que le escribió justo antes de morir: “Hay una fuerza extremadamente poderosa que incluye y gobierna a todas las otras. Esta fuerza Universal es el Amor, la fuerza que explica todo y da sentido a la vida”.

El Amor es la emoción opuesta al miedo, como la luz y las sombras. El Amor crea, impulsa y une, mientras que el miedo destruye, frena y separa. Son emociones que nos producen sensaciones físicas contrarias, placer o dolor. Cualquiera pensará como obvio que tendemos a buscar sensaciones de placer en nuestras vidas por encima de las que producen dolor y por lo tanto el Amor debería de tomar un lugar importante y prioritario en nuestras vidas. Y así es en cierto modo, sin embargo el miedo se apodera de nosotros y de nuestras decisiones en muchos momentos en los que precisamente lo que decidamos nos afectará de manera vital a nosotros y a nuestro entorno. Existen personas que, aunque resulte difícil de creerlo, evitan la felicidad y el amor por resultarles una emoción con la que no se sienten en su zona de confort. Son aquellas personas que han tenido una vida difícil sobre todo en la infancia y que la emoción predominante que han sentido ha sido la tristeza o la ira, así pues, al sentir amor o felicidad les resulta extraño, desconocido y no saben cómo gestionarlo, decidiendo rechazar y evitar estas emociones inconscientemente.

Permite que el Amor guíe tu decisión.

¿Cómo decidimos desde el amor?

Si tuviéramos que señalar una parte de nuestro cuerpo para representar el Amor con mayúsculas, la mayoría de nosotros dirigiría las manos hacia el corazón. De ahí que se utilice la imagen de un corazón para representar al amor. Pero qué tiene que ver el amor y el corazón con la decisión. Pues mucho, según Annie Marquier, una matemática e investigadora de la conciencia nos explica que se ha descubierto que el corazón tiene cerebro. De hecho, posee 40.000 neuronas y una compleja red de neurotransmisores. Por si nos parece poco sorprendente resulta que el corazón puede activar o inhibir determinadas partes del cerebro por lo que tomaría las riendas ante ciertas circunstancias influyendo en nuestra percepción de la realidad y nuestras reacciones. Además, el corazón produce una hormona llamada ANF que inhibe la hormona del estrés y libera oxitocina, comúnmente conocida como hormona del amor. Tras este descubrimiento, esa frase que hemos escuchado tantas veces: “Escucha a tu corazón” cobra todo el sentido.

En otro artículo explicaba que las mejores decisiones las toma la intuición, pero quizás se tendrá que completar con:

“Las mejores decisiones se toman desde la intuición y el corazón”.

Cómo aprender a escuchar el corazón

Escuchar al corazón requiere práctica. Es una habilidad que tenemos al nacer. Los bebés y niños pequeños son esponjas de las emociones de su entorno, completamente sensibles y emocionales. No saben definir lo que sienten con palabras, pero se permiten sentir y saben lo que desean y lo que aman. Con la educación familiar, escolar y social hemos perdido dicha habilidad de conectar con nuestras emociones y darles el espacio que se merece para hablar. Protegiéndonos con armaduras insensibles que nos permiten sobrevivir en un mundo competitivo. Afortunadamente, y apoyado por la ciencia, ese paradigma en el que la razón debía primar sobre la emoción se derrumba, dando paso a personas cada vez más conscientes de la importancia que tiene el cuidado y gestión de las emociones, para llegar a ser adultos empáticos, seguros, saludables mentalmente y felices.

La práctica para recuperar dicha habilidad requiere silencio, tanto exterior como interior, acallando el discurso mental. De auto-observación sin juicio, de presencia, de conexión y de aceptación.

Te propongo un sencillo ejercicio para practicar: Obsérvate al tomar una decisión o al hablar con tu hijo ofreciéndole consejos. Pon tu atención en tu cuerpo y explora cualquier sensación que tengas. Si esa sensación te tensa, te contrae o te apaga, viene del miedo. Si por el contrario al poner tu atención en tu cuerpo, sientes expansión, apertura, bondad y amor, esa será la buena decisión o el buen consejo.

Todo esto lo practico en los procesos de coaching con mis clientes, proporcionándoles herramientas necesarias para superar cualquier dificultad, y distinguir desde dónde vienen sus decisiones y sus pensamientos. ¿Quieres probarlo?. Deja que lo decida tu corazón.