Quiero frenar el tiempo

Cuando nació mi hijo Eric, fue el día más emocionante de mi vida, no podía dejar de mirarle, de acariciarle y de besarle. Nunca había experimentado un amor tan puro, capaz de dar mi vida por él sin pestañear.  Cualquiera que haya sido padre, sabe de lo que estoy hablando. Somos capaces de permanecer horas mirándoles sin cansarnos, sin importarnos que el tiempo pase, porque en esos momentos no existe el tiempo, solo el instante, el ahora.

Muchas personas me dicen que los años se pasan volando, que sus hijos hace nada eran pequeños y de repente sin enterarse ya son adolescentes.  Cuando escucho eso la primera sensación es de vértigo, seguido de tristeza.  No quiero que pasen 10 años sin darme cuenta. Quiero poder frenar el tiempo, para sentir que estoy viviendo intensamente cada segundo de mi vida.

 Estos años con mi hijo no han pasado deprisa, han sido intensos pero tengo que reconocer que empezar el colegio y la rutina no me han ayudado a ralentizar el tiempo sino todo lo contrario. Como me encanta analizar el comportamiento y el pensamiento del ser humano, y principalmente el mío propio, he analizado qué factores han tenido en común todos esos momentos de mi vida en los que he sentido detenerse el tiempo, y aplicarlo todos los días para sentir que soy yo, la que gestiono mi tiempo y mi vida, y no al revés.

Hoy quiero compartirlo contigo en este artículo, y ojalá también pueda ayudarte a ti.

Aquí están los ingredientes para frenar el tiempo:

  • Permitirnos sentir emociones intensas.  Cuando nos enamoramos, cuando tenemos un hijo y experimentamos el AMOR en mayúsculas, cuando nos vamos de vacaciones a la aventura y permanecemos en ese subidón de adrenalina y excitación, o incluso cuando se muere un ser querido y sentimos un dolor inmenso…

Todos los momentos de la vida en los que la emoción sentida es muy intensa los vivimos más despacio.

Nuestra atención y nuestro foco no está en el tiempo, sino en sentir la emoción que invade todo nuestro cuerpo. En esos momentos, la parte derecha de nuestro cerebro, que se encarga de procesar las emociones, toma el mando y de nada sirven los razonamientos lógicos o los análisis sobre objetivos, simplemente sentimos. Vivimos en una sociedad que ha fomentado mayoritariamente el desarrollo del lado izquierdo del cerebro con la lógica y la razón y nos hemos olvidado del derecho, el emocional. Lo ideal es integrar los dos hemisferios para que trabajen en equipo. Hay emociones tan intensas que nos resultan incómodas y las evitamos inconscientemente.

 El camino para frenar el tiempo comienza por  permitirnos sentir todo el rango de emociones.

  • Vivir Experiencias nuevas.

Recuerdo cuando me fui a vivir a Alemania, todo era nuevo, el idioma que apenas entendía, la gente, las costumbres, la comida… una semana parecía un mes.

Cuando experimentamos situaciones nuevas, nuestro foco está en descubrir con curiosidad todo aquello que nos rodea,  estamos creando nuevas conexiones neuronales estimulando nuestro cerebro y mejorando nuestra capacidad cognitiva.

Las rutinas son muy útiles para obtener un mayor aprovechamiento del tiempo, y para llevar cierto orden con los niños, pero vividas desde el “piloto automático” en el que permanecemos la mayor parte del día, se convertirán en nuestro mayor enemigo para ralentizar el tiempo. Sin embargo, una rutina llevada con plena consciencia de nuestras emociones y nuestros pensamientos, puede convertirse en un conjunto de posibles micro nuevas experiencias.

Una nueva experiencia puede encontrarse en cada pequeño detalle del día a día.

  • Lo importante es el presente.

Todos hemos experimentado de niños cómo los años pasaban lentos, nunca nos hacíamos mayores para poder hacer según qué cosas, si faltaban 2 meses para nuestro cumpleaños era un montón de tiempo. Ahora lo veo en mi hijo, sale del colegio y no está pensando en lo que hizo en clase, sino en que ahora está jugando en el parque. Me escucho a mi misma preguntarle sobre lo que hizo en clase o contarle lo que cenará, mis pensamientos saltan del pasado al futuro, y cuando me doy cuenta, me callo y observo cómo juega aquí y ahora con las piedras, sus ojos cansados de todo el día, su piel suave manchada de arena.

Los niños viven el presente, son nuestros maestros para ralentizar el tiempo.

La mayor parte del día estamos recordando el pasado o pensando en el futuro. Menos del 30% de nuestros pensamientos diarios están en el tiempo presente. Técnicas como el Mindfulness y  la meditación ayudan a poder tomar consciencia de nuestros pensamientos y elegir en qué tiempo queremos vivir.

Si juntamos los tres ingredientes: Emociones intensas con experiencias nuevas y nuestras atención y consciencia, puesta en el presente, sentiremos como nuestro tiempo avanzará, no sólo más despacio, sino también más feliz.

Ya lo dijo Einstein, el tiempo es relativo, que pase más despacio o más deprisa depende del observador que lo mide.

Está en nuestras manos que el tiempo pase más lento. Yo elijo vivir despacio, Y tú?.