Educar en libertad

Pasé los primeros 35 años de mi vida pensando que yo tomaba libremente mis decisiones, que era quien quería ser. Tenía una vida normal, un buen trabajo normal, una familia normal y yo me consideraba especialmente normal, ¿qué más podía pedir entonces?, todo era perfecto dentro de la “normalidad”. Pero simplemente estaba dormida. Envuelta en la creencia que cuando tuviera una buena carrera, encontrara un buen trabajo, pareja e hijos ya sería feliz. Pero la felicidad no se encuentra en la comodidad,  sino en la autenticidad.  Dentro de mí se removían emociones intensas, sensaciones en mi estómago y en mi corazón que me decían, busca, despierta, abre los ojos. Decidí escuchar esas sensaciones, esos mensajes de mi cuerpo que había estado ignorando tantos años. En realidad era miedo. Miedo a descubrir que había elegido cada paso dado buscando inconscientemente la aprobación y el orgullo de mis padres y de mi entorno, en lugar de buscar qué era lo que quería yo aportar a este mundo y qué me hacía feliz.

La “normalidad” tras la cual nos escondemos sólo es la excusa para no vencer nuestros miedos a mostrarnos tal y cómo somos y  la grandeza de nuestro Ser.

Tengo que reconocer que aún tengo miedo, cuando salimos de una zona de confort, nos metemos en otra y siempre hay miedos que superar y creencias limitantes que desvelar. Haberme decidido a escuchar a mi cuerpo, a mi corazón y arriesgarme a pisar en terreno pantanoso, inestable e incierto es la mejor decisión y la más libre que he tomado jamás. Literalmente desperté.

Quizás te preguntes ¿qué conseguí con eso con lo bien que estaba en la normalidad? Resumiéndolo, encontré la Paz interior, la fuente de la felicidad constante. No significa no sentir tristeza, rabia o miedo, sino sentir que las olas llevan las emociones pero la profundidad del océano interior está en calma y puedo estar en ella cuando desee.

¿Cómo influye la educación?

Todo lo que somos de adultos se construyó en la infancia.

Todos los miedos, creencias,  valores, la imagen de nosotros mismos, nuestra manera de relacionarnos, de sentir, de enfrentarnos a momentos difíciles,  se originó en la infancia.

Nacemos siendo campeones, fruto de un espermatozoide campeón y un óvulo sano y fuerte.  El resto no llegan. Somos un milagro.

Einstein dijo:

Hay dos maneras de ver la vida, una pensando que no existen los milagros y otra pensando que todo es un milagro.

Yo creo en la segunda.

Si tan maravillosos somos ¿qué sucede entonces?

Todos buscamos amor. Es cuestión de supervivencia; si alguien nos ama, cuidará de nosotros, y nos sentiremos a salvo. También porque en Esencia todos somos AMOR y seres sociables. De niños buscamos ser aceptados por nuestros padres y por nuestro entorno, que se sientan orgullosos de nosotros y sentir que encajamos en el grupo, algo normal. En esa necesidad innata es  cuando corremos el riesgo de moldearnos a nosotros mismos y crear un personaje que refleje lo que sentimos que a nuestro alrededor esperan de nosotros. Lo que proyectan nuestros padres educadores o la sociedad que es lo correcto para nosotros.

Hasta aquí no tendría que haber ningún problema de no ser porque en esa percepción sobre nosotros que proyectan nuestros padres/cuidadores o educadores se esconden sus propias creencias limitantes y sus propios miedos.  Lo cuál arrastraremos inconscientemente hacia nuestra vida adulta.

Si luego no cumplimos esas expectativas, nos sentimos infelices. Cuanto más “normales” seamos, más fácil será todo, pero ¿Qué es ser normal? Otro montón de creencias. No somos conscientes de que al querer ser “normales” nos desconectamos de nuestra verdadera grandeza, de lo que nos hace únicos.

¿Qué son las creencias?

Entre los 0 y 14 años se forman la mayoría de las creencias, las cuales son todo aquello que de manera consciente o inconsciente creemos que es cierto. Desde que los valientes no lloran, que si somos patosos por romper cosas, o malos con la música porque hemos desafinado con 4 años, que los ricos son personas superficiales, o que si eres malo en matemáticas lo tuyo son las letras.

Las creencias son potenciadoras o limitantes. Las potenciadoras nos ayudan a conseguir nuestros logros por lo tanto son buenas, pero hay muchas que son limitantes y de las cuales somos inconscientes,  Por ejemplo que si fallo voy a ser un fracasado, lo que me lleva a evitar situaciones con riesgo de fallar, entre ellas muchos sueños.

Ahora como padres estamos influyendo en nuestros hijos inconscientemente de la misma manera que nuestros padres lo hicieron en nosotros. Volvemos a proyectar nuestros miedos, nuestras creencias sobre cómo serán las cosas o deberían ser, inconscientes de que la realidad la estamos creando cada segundo con nuestros propios pensamientos.

 No nos preocupemos de que nuestros hijos no nos escuchen, preocupémonos porque siempre nos están observando. Robert Fulghum

De ahí que como padres debemos ser un ejemplo no de perfección, sino de autenticidad, libertad y amor. Despertar y tomar consciencia de cuáles son nuestros propios miedos, y las creencias que nos limitan nos ayudarán a no proyectarlas en nuestros hijos. Y permitirles crecer en verdadera libertad.

El taller Educar en libertad NO ofrece consejos para cambiar a los niños sino herramientas muy sencillas y a la vez muy potentes de autoconocimiento y gestión de las emociones para que los padres despertemos.

Para más información sobre el taller escríbeme a info@anamadrazo.com o visita www.anamadrazo.com